Los relatos forman parte de nosotros. Historias contadas hace años, reflexiones de un momento, conversaciones con un amigo...
Todos ellos son relatos... son parte de nuestra identidad, de nuestra memoria...y por qué no, de nuestra imaginación.
Este es el espacio para que nuestras lectoras disfruten de los relatos más verdaderos: los que surgen cuando la mente empieza a volar.

 

Un hueco en el asiento

Si estuvieras acá verías este asiento, de un gris cansado y curvo. Y a un chico contando sus moneditas. Al tercero de la fila que se muerde el labio. Veríamos juntos cómo se superpone la correa de su bolso negro con la correa del bolso marrón; al anciano que pliega el billete  cuidadosamente, como si fuera de paño de seda. Verías a la señora de la otra fila, que controla todo con su mirada panorámica (esas que son de cabeza fija y paseo de pupilas). Y al chico sentado al lado mío, que espía lo que escribo.

Si estuvieras acá verías la gracia de las valijas cuando se cruzan: las del "no tengo apuro" con las del "no tengo tiempo". A veces chocan. ¿ Qué se puede esperar de dos valijas que comienzan su diálogo con un "no"?

Y verías a la nena que tira la revista al suelo, protestando, revelándose contra la dictadura de los déspotas de la información.

Pero es una escena única, ¿ Cómo hago para reunir de nuevo al señor del paño de seda con el de la cruz de cuero en la espalda? ¿ Y a la señora de la mirada de pez con la nena anarquista?

A veces me duele que las escenas pasen. Y se disuelvan sin que puedas verlas.

  Es una danza nueva mientras imagino tu mirada puesta en ellos, recorriéndolos en sus enojos y sus dudas. Cuando tus ojos no están, ni siquiera como un "si estuvieras", no puedo pensar en otra cosa que en la disolución. Se va el señor cargando su cruz, la nena pateando la revista, la señora haciendo un nudo con las pupilas.

No estás.

El billete abandona su seda. Lo arrugan y lo tiran con la furia de la desilusión.

 

 

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